La hipnosis es un estado natural en el que la persona está centrada en sí misma, y el hipnotizador la conduce suavemente a descubrir o cambiar estados de ánimo, pensamientos y conductas, con finalidades terapéuticas.

Se trata de una de las técnicas más antiguas en psicología que resultó muy útil hace años, antes de la proliferación de fármacos. Últimamente se ha rescatado, se ha investigado científicamente y se enseña en la universidad, siendo cada vez más utilizada por su eficacia en múltiples aplicaciones terapéuticas.

La hipnosis que conocemos por la televisión es solo un espectáculo, y ha creado algunas confusiones: por ejemplo en hipnosis el hipnotizador no domina la mente del hipnotizado. En realidad solo se hipnotizará aquella persona que esté predispuesta a ello, y bajo hipnosis no va a perder su voluntad ni su consciencia, es decir, solo hará lo que quiera hacer, saliendo del estado de hipnosis en el momento que quiera, y recordando después lo que desee.

Solo hay dos requisitos para ser hipnotizado: querer hacerlo y tener un mínimo de inteligencia que garantice la capacidad de concentración necesaria. Eso significa que casi todo el mundo puede ser hipnotizado.

La hipnosis no es mágica: todo lo que se consigue cambiar a través de la hipnosis se podría hacer sin entrar en hipnosis pero con mucho más tiempo y esfuerzo. En realidad una de las ventajas de utilizar la hipnosis reside en su capacidad para aprovechar los recursos de la mente inconsciente.

Algunas situaciones en las que puede usarse la hipnosis son: el insomnio, la tensión muscular, el estrés, la ansiedad, los miedos, aumentar la concentración ante un examen, dejar de fumar o de morderse las uñas, controlar el apetito voraz, controlar el dolor crónico, en el tratamiento de ataques de pánico, control de la ira, para potenciar la autoestima, para la revisión de vida, y múltiples aplicaciones más.

Con titulación de la Universidad de Barcelona